Contratados por un robot

Programas de inteligencia artificial seleccionan personal y comprueban sus credenciales

Los robots ya no están solo en las cadenas de montaje. Programas dotados de inteligencia artificial, los llamados bots, comienzan a asistir a los trabajadores humanos en tareas intelectuales consideradas hasta ahora como más o menos rutinarias, como el filtrado de llamadas, la selección de personal, el control de empleados, la asignación de trabajos o la redacción de textos. Como asistentes, compañeros o capataces. Y no son cosas que hayan de pasar en un futuro inmediato. Ocurren ya y van a ser cada vez más habituales.

Son programas que aprenden de toda la información que reciben y su éxito depende de la precisión con la que se han escrito (aprendizaje automático) pero también de la cantidad de datos que procesan (‘deep learning’). Cuantos más, mejor, aunque también puede suceder que, como aprenden de lo que procesan, deriven en los llamados sesgos, comportamientos adquiridos no deseados, como el ‘bot’ de Microsoft que tuvieron que desactivar porque se volvió racista o los dos ordenadores entrenados por Facebook para mantener conversaciones entre ellos que acabaron desarrollando un lenguaje propio que no entendía nadie más.

El modelo propuesto es el de un asistente virtual (invisibles, nada de hombrecillos metálicos sonrientes) que haga lo que no queramos hacer como cribar miles de currículums de candidatos, responder una y otra vez a las mismas preguntas, poner subtítulos, analizar conversaciones o escribir notas según patrones, por ejemplo. Pero también alertan de sus riesgos. “Todos los puestos de trabajo tienen una parte rutinaria que nos puede hacer descargar la mente de momentos más intensos. Si se descarga esta parte, obliga al humano a ser 100% creativo todo el tiempo, y eso puede ser que no nos guste”, expresaba esta semana Markus Revang, director de investigación de la consultora Gartner.

Cambio de puestos de trabajo

En un evento en Barcelona que reunió a 6.300 responsables de informática de empresas y organizaciones toda Europa, los analistas de la consultora comentaron los posibles efectos de la inteligencia artificial en los empleos, y cómo se iban a aplicar a automatizar procesos en varias áreas del sector servicios, desde las ventas a la salud, los seguros, los recursos humanos y la enseñanza.

La predicción, además, es que vienen para quedarse porque permiten ofrecer servicios 24 horas, sin descansos, y recoger cualquier dato para volverlo a usar después. “Hemos visto mejores resultados en áreas pequeñas de negocio sobre procesos limitados que aplicados a grandes proyectos”, explica Revang. Sus pronósticos son que aunque de momento la automatización destruye puestos de trabajo (alrededor de un millón de empleos solo para este año), a medio plazo puede crearlos, aunque siempre más cualificados que los destruidos.

Programas a medida

La mayoría de soluciones de inteligencia artificial son productos a medida, pero ya empiezan a aparecer módulos personalizables en los grandes software empresariales, como Salesforce o SAP. Hasta Linkedin, la popular red social de negocios, y Google en sus teléfonos están probando en inglés un sistema inteligente para su sistema de mensajería que ofrece respuestas automatizadas según la respuesta del usuario, que puede elegir entre las que le ofrece la máquina o poner la suya.

Los sistemas automatizados de selección de personal permiten filtrar candidatos entre los formularios de ofertas recibidos, detectando habilidades clave incluso si no están escritas, comprobar en redes sociales sus credenciales o habilidades y fijar entrevistas de forma automática. “Un programa de inteligencia artificial puede matizar el perfil que buscas sugiriendo cosas que no habías previsto como habilidades concretas que los candidatos no suelen incorporar en sus perfiles”, señala Mario Velando, consultor del grupo Zemsania, que han aplicado este tipo de procesos en su selección interna. También permite, afirma, ver la evolución de bajas, salarios o progresión en relación con otros, y aplicar soluciones individuales.

Entrevistas guiadas

Algunas empresas ya presumen de incorporar este tipo de asistentes virtuales a sus procesos, como Unilever o algunos centros de investigación punteros, que piden a sus candidatos que graben una pequeña presentación, guiada o no, en vídeo en una app como Sonru. Un asistente virtual también permite agendar esas entrevistas y descartar los elementos de información que pudieran ser discriminatorios como nombre, edad o sexo.

Los analistas de Gartner sugirieron en su presentación que un sistema inteligente podría incluso ir sugiriendo preguntas o añadiendo información sobre el candidato a modo de realidad aumentada durante una entrevista por videoconferencia. “Se podría hacer pero es muy difícil, pero sí puede guiar por dónde debes preguntar”, añade Velando.

Tanta presencia de tecnología realizando trabajos hasta ahora considerados de inteligencia humana exige una adaptación de los empleados. La predicción de los consultores es que se van a requerir más empleados con capacidad de gestión que ejecutores. La gestión del tiempo y la productividad ya las darán las máquinas.”Van a ser empleados con capacidades aumentadas gracias a la tecnología”, subrayan los analistas de Gartner.

¿Abusarán los robots de los humanos?

Ante un mundo cada vez más tecnificado, ya hay quien se pregunta cómo van a reaccionar los humanos. La Comisión Europea acaba de encargar un estudio a un equipo de investigadores de la Universitat Pompeu Fabra, que liderados por la profesora Emilia Gómez, va a analizar cómo afecta al cerebro humano trabajar con un sistema inteligente. Descifrar qué efectos tiene que los algoritmos hagan parte del trabajo “tanto en la toma de decisiones, si nos hace más listos, más tontos o nos acompleja o si coartan la libertad de las personas”. 

La gran cuestión, explica Gómez, que trabaja sobre algoritmos de recomendación, es si Europa tiene que acabar regulando la acción de los algoritmos sobre los humanos, como ya ha planteado. Y pone como ejemplo las conclusiones de la investigadora Cathy O’Neill en su libro ‘Weapons of Math Destruction’ (Armas de destrucción matemática), en el que plantea casos en los que los algoritmos se demostraron altamente nocivos porque eran opacos, se aplicaban de forma universal sin posibilidad de corregir los errores y no se evaluó cómo podían afectar a la vida de muchas personas. Son los llamados sesgos, desviaciones de los programas y que se han convertido en el gran temor de la industria.

El primer caso que analiza O’Neill es cómo calcularon el nivel de riesgo de las hipotecas ‘subprime’, uno de los factores que condujeron a la crisis económica del 2008. El resultado ya lo hemos sufrido todos.

Fuente: El periódico, http://www.elperiodico.com/es/sociedad/20171111/inteligencia-artificial-para-contratar-humanos-6416098

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